Es habitual que se trate el desarrollo sostenible a escala local mediante estrategias y políticas del ámbito medioambiental, la ordenación del territorio y el desarrollo rural.

La Agenda 21 puede prever un ámbito de aplicación supramunicipal (mancomunidades, comarcas, redes provinciales, entre otros).

El uso de los Sistemas de Información Geográfica es fundamental e imprescindible para el análisis y diagnosis territorial.

La Agenda 21 Local se puede clasificar en función de la respuesta y las estrategias de consenso y participación. Puede ser simbólica, cuando el compromiso de la administración local no es presente; pluralista-sectorial, cuando se tiene en cuenta cada sector (económico, social y medioambiental); tecnocrática-horizontal, cuando se trata de un mero documento técnico elaborado por un equipo especializado y profesional; sostenible, siempre y cuando tenga cabida la heterogeneidad de temáticas -transversal- en relación a los sectores social, económico y vinculados al medio natural. En este último se dan procesos de participación en los que la ciudadanía y los agentes organizados (entidades sociales, empresas, sector educativo, etc) se implican, de manera que no se pone en entredicho el consenso y se da el debate en las distintas fases del proceso de elaboración del plan.

Modelos de desarrollo
El concepto de desarrollo sostenible

Está claro que el concepto de desarrollo sostenible se puede abordar desde múltiples perspectivas, sin embargo se puede considerar que la premisa básica gira al entorno de una definición global y de consenso. El Informe Brundtland de Naciones Unidas lo define de la siguiente manera: capacidad de satisfacer las necesidades de la sociedad presente sin comprometer la capacidad de las necesidades futuras de satisfacer las suyas. En conjunto, en base tres elementos clave: desarrollo, bienestar social y calidad de vida; redistribución equitativa de la riqueza; y utilización racional de los recursos.

A todo esto, se identifica una ambigüedad en relación al concepto de desarrollo sostenible. Se puede considerar no inequívoco y vulnerable a la ambición de aquella posible ideología que lo plantee y lo quiera materializar a partir del que propiamente entiende como desarrollo. La ambición ha llevado a la humanidad a extremos a través de los cuales muchas generaciones futuras pueden verse gravemente perjudicadas.

El desarrollo sostenible constituye un posible modelo de desarrollo. Un nuevo modelo que se debería de implantar cueste lo que cueste. El modelo actual es más allá de insostenible a largo plazo, un modelo que pone en entredicho a corto y medio plazo nuestra capacidad de gestionar uno de los mayores retos de la humanidad, la adaptación al cambio climático. Un cambio a nivel global que no entiende de fronteras y que de ahora en adelante estará determinado por la adaptación. Un proceso de adaptación que se plantea ante la imposibilidad de aplicar cualquier acción preventiva, a partir de un modelo de desarrollo correctivo global fundamentado en la integración de la sostenibilidad en los ámbitos anteriormente citados. Está claro que el modelo predominante actual se caracteriza por la alta de durabilidad; los recursos se agotan, hecho que lleva a la sociedad a graves desequilibrios y que demuestra que el modelo  queda obsoleto.

En cualquier caso el modelo actual debe pasar a la historia para dejar paso a un periodo de transición. Relevado por un modelo que se podría definir a través de una estructura piramidal. El desarrollo sostenible, por esencia, yace de una base medioambiental; si bien es lo que se entiende por una integración del medio ambiente, la economía y la sociedad, consideramos plantearlo desde otra perspectiva. Una base medioambiental a través de la cual la economía se puede desarrollar y, a su vez, lo hace con la sociedad. De este modo si la base piramidal se ensancha, consecuentemente la economía y la sociedad se podrán desarrollar. Si, por contra, la base medioambiental se estrecha, la economía y la sociedad se verán limitados en su desarrollo. Se puede poner un claro ejemplo como es el caso del Priorat, un modelo basado en el territorio y en el medio natural. El desarrollo de nuevas técnicas y los canales de investigación en el campo, particularmente en el sector vitivinícola, han permitido a una de las comarcas más pobres de Catalunya desarrollarse en el ámbito económico y social tomando como base la preservación y la conservación del entorno. En este sentido, es necesario poner de manifiesto un claro ejemplo que demuestra la eficacia del modelo. Asimismo, esto no lo es todo, ya que la ambición siempre es presente y la aplicabilidad del modelo sostenible no se da por igual en todos los territorios. Negar esto supondría no ser realista y afirmar que este ejemplo constituye un precedente para el resto del territorio puede generar consecuencias en el ámbito social y económico. En este línea, es necesaria una análisis y diagnosis territorial.

En referencia a otros conceptos que se relacionen con el desarrollo sostenible, se puede considerar la protección ambiental como una condición sine qua non. Así pues, la protección del entorno debe entenderse como un input indispensable en la gestión total. Es un claro ejemplo la creación de espacios protegidos, no siempre suficientes para la protección del valor ecológico del entorno. Es necesario aplicar las mesuras pertinentes para que estos entornos no pierdan valor ni, en definitiva, la razón por la cual se toma en consideración el hecho de protegerlos.

Los modelos de desarrollo que se han planteado -modelo predominante actual y modelo sostenible- divergen claramente en muchos sentidos. Mientras con el actual modelo los sectores económicos luchan por alcanzar las mayores cifras de beneficios sin tener presente la equidad social y la capacidad de las futuras generaciones para desarrollarse, el nuevo modelo basado en la sostenibilidad supondría un replanteamiento de la distribución de la riqueza, del sistema de producción, del consumo y del tratamiento del medio natural, entre otros. A todo esto, es necesario ser pragmático y aunque el escenario deseable para muchos sea fácil de explicar, no lo es tanto en cuanto a aplicación.

Frente a la voluntad de ser realistas con lo planteado, nos encontramos con el concepto de governanza relacional. La innovación será clave y se inicia en el momento en el que se debate en relación a nuevas fórmulas de gestionar los intereses contrapuestos, al mismo tiempo que se evita la relación entre el mercado y las regulaciones de carácter determinante. La governanza relacional  se entiende como un nuevo sistema público y privado basado en la red de relaciones; solo integrando en un sistema el gobierno, el mercado y la sociedad seremos capaces de legitimar las administraciones, garantizar la igualdad y dar eficacia a la transición hacía un nuevo modelo de desarrollo.

Se trata de la participación ciudadana, de la resolución de conflictos conjuntamente, de dar peso al debate y la opinión de los diferentes sectores económicos y agentes activos de la sociedad. En este caso volvemos a hacer referencia a la posibilidad de hacerlo real, ya que por ejemplo el Estado español es claramente explícito en relación a la baja participación de la sociedad no organizada. En este sentido, es necesaria una implicación por parte de las administraciones con tal de fomentar la participación; caminar hacía un modelo participativo -de abajo a arriba- que sustituya el modelo jerárquico instaurado -de arriba a abajo-, a través del cual nuestros representantes impulsen redes de participación inclusivas y proactivas. Todos tenemos opinión, se debe incitar la puesta en común de ideas y el debate para, finalmente, poder dar solución a problemas de forma colectiva.

Un elemento clave también con tal de garantizar la efectividad de la transición de modelo está relacionada con el principio de subsidiariedad. Asimismo, sería conveniente trasladar mayores competencias a aquellas administraciones que mejor conocen las problemáticas del territorio -consistorios, administraciones supramunicipales, servicios territoriales, entre otras-, cosa que otorgaría ventajas comparativas respecto de la gestión de recursos en instancias superiores. Es posible que en un funcionamiento multinivel aumentara la eficacia, sin embargo se puede considerar como una ventaja el hecho de poder abordar estas problemáticas tomando como base un sistema de redes de relación local, vinculante y totalmente legítimo. En cualquier caso, es necesario tener presente que la legalidad siempre vendrá establecida por niveles superiores y, en esta línea, es necesaria una adaptación.

Plan de Acción para la Sostenibilidad.
Agenda 21 Local.

A partir de aquí podemos dar protagonismo a las Agendas 21 Locales, definidas como un plan de acción para la sostenibilidad que pretende integrar, en la medida de lo posible, los conceptos y procedimientos que se han comentado anteriormente. En conjunto, haciendo hincapié en la cooperación entre administración -quién gestiona, supervisa y fomenta la movilización- y los distintos agentes del territorio. En muchos casos, como en los planes estratégicos, las Agendas 21 pueden ganar relevancia por el hecho de nacer en el consenso, aun así el hecho de perder el carácter normativo y vinculante, propio de la legislación, limita la fuerza de su eficacia y aplicación.

Cabe mencionar que en la medida en la que los objetivos que se plantean se relacionan con el crecimiento económico sostenible, puede ser beneficioso adecuar el carácter normativo de un plan como la Agenda 21. De este modo, se considera el consenso como una herramienta fundamental y, al fin y al cabo, el hecho de no ser vinculante pierde importancia ante el hecho de que se trata de un plan de participación y cooperación entre agentes socioeconómicos y instituciones.

En cuanto a los indicadores más fidedignos para valorar la funcionalidad de las Agendas 21, cabe remarcar la importancia de aquellos indicadores de carácter cualitativo. Es necesario incidir en el hecho de que no es suficiente ratificar la Carta de Aalborg, sino que debe proceder el compromiso de las administraciones a la hora de integrar de manera conjunta estrategias de planificación que permitan equilibrar el crecimiento, el bienestar social y la protección del medio natural. Al mismo tiempo, la participación constituye un indicador capital. En este sentido, el escenario deseable sin duda es el que lleva a construir una Agenda 21 con carácter transversal -integrando todos los sectores- y participativo -con mecanismos de cooperación y procesos de participación eficaces-, con compromisos políticos sólidos y también con un presupuesto suficiente para materializarlo. En conjunto se trata de un plan que se puede considerar indispensable en el camino de la transición hacía un modelo de desarrollo sostenible.

Casares, J y Area, J. C. (2002). Gestión estratégica de la sostenibilidad en el ámbito local: la Agenda 21 Local. Revista Galega de Economía, vol. 11, núm 2, pp. 1-18.

Martínez, J. y Martín, M. A. (2002). Agenda 21 Local como instrumento de ordenación territorial: la mancha alta conquense. Estudios Geogáficos, LXIII, 248/249.

Fuente, N (s/d). Local y sostenible. Universitat Autònoma de Barcelona.

 

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